El otro veredicto

Tu patria, la vida

no concede premios.

Sólo

te sostiene.

Cuanto más suyo,

más extranjero.

Así, te afianza

y dices: hay algo

en lo que no puedo equivocarme:

sobre mi país de origen.

El otro veredicto, por Rafael Cadenas.

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Pasajero

El abrazo de los pasajeros

en este espacio limitado;

el abrazo accidental que nadie pide,

que llega como ofrenda.

Cuerpos extraños se acercan,

brazos que sujetan el acero,

hombres con sus viandas cruzadas en el pecho.

Hay un poco de inocencia

en estos perfiles:

algunos cierran los ojos

en un sueño momentáneo,

se dejan detallar, auscultar.

Sin que lo noten, prestan una mueca íntima,

un gesto breve.

Admiro a las personas que duermen

en el autobús, ofrendan el sueño y no lo saben.

El pasajero anciano y el pasajero joven

se encuentran en el mismo asiento,

comparten la misma ruta y no lo saben.

Se dejan llevar a otra avenida, para extraviarse,

mudar de una vez el trayecto establecido.

La mujer que anticipa su parada

se desplaza entre tantos,

rozan su cuerpo y nada dice.

El riesgo me ha hecho que mire a la cara,

ver qué hay en los ojos, si hay maldad dormida.

Gente buena me mira, en el bus, y escarbo

su costado amable, muy adentro.

La mirada serena cuesta mucho.

Repito una oración incompleta,

que me sirva de ángel, que salve el trayecto.

El semáforo es una buena excusa

para pensar en los trámites del día.

Es suficiente la transición

sin pausas del rojo al verde,

es mi casa la brevedad del amarillo,

los tres segundos

que unen ambos colores.

Néstor Mendoza

Éste poema es parte de su libro del mismo nombre que, por cierto, será presentado el sábado 13 en la librería Kalathos del Centro de Arte Los Galpones a las 11:30AM.

Subasta

En el momento de subastar mis piernas

todos juraban amarme.

Cuando ofrecí mis ojos y mi boca

escondieron sus billeteras.

Quien permaneció callado

en la primera apuesta

con pena abrió la mano:

dio una moneda

y se quedó con mi vida.

María Auxiliadora Chirinos.

Para aprovechar al máximo éste domingo de autores venezolanos, les dejo el link de un par de artículos preciosos y criollísimos:

http://www.el-nacional.com/papel_literario/Aquiles-fisico-espiritual_0_692330918.HTML

http://www.el-nacional.com/claudio_nazoa/bueno_0_689331065.html#.VdsXgYxy8NE.twitter

Maldito cinéfilo

Sabía que vendrías a ver La hora señalada, le dijo el matón, apuntándolo con el revólver a las puertas del cine. «Maldito cinéfilo –masculló rencoroso al apretar el gatillo- siempre te creíste un Gary Cooper. Ya no volverás a soñar pendejadas».

Puntualidad, por Eduardo Liendo.

[Me permito hacer una excepción brevísima a la categoría dejándoles el link de el poema El mar de Jorge Luis Borges para que no se priven del placer de escucharlo, además, con la voz del poeta: http://prodavinci.com/blogs/el-mar-un-poema-de-jorge-luis-borges-poesiaenprodavinci/ ]

Taxi

Pobre Valerio Catulo, no te hagas ilusiones

y lo perdido dalo por perdido

V. Catulo

desde cualquier parte de la ciudad,

tomaría el primer taxi hasta tus brazos

Si me amaras,

digo, si te atrevieras

Si en la comisura de tu pubis,

donde el mundo, es igual,

en cada orilla,

dejaras que repose

Me llevo al corazón estas palabras

como mis últimas monedas

Doblo en cualquier esquina, hacia cualquier calle.

Maltrato mis objetos,

para que vuelvas.

¿Quién habita lo que pasa, lo que a mis ojos ya no existe?

Si me amaras

No verías más las piedras de aquel patio de San Juan de Los Morros,

tan negras.

Del maestro Igor Barreto (1952) quien hace poco tuve la dicha de escucharlo recitar, demás está decir que es un autor valiosísimo.

PD: Taxi NO es el título de éste poema, ya que no tiene.

Una (un tanto fogosa) balada

Que este poema te suba la falda

que te arrime hacia la mesa

lubricándote el cierre

abriéndote las ganas

que te humedezca lentamente

gastándose en el fin de tus piernas

en tus últimas partes

que te incendie contra la pared

alzándote, removiéndose, luchándote

contigo en las uñas, en el grito mínimo, en el cuello

que te sea enorme, violenta y penetrada

que este poema te rasgue el deseo

que gimas entre sus brazos

¡ah! esta caricia desquiciada

y la furia el jadeo

hasta sangrarnos.

Del poemario Balada (Pomaire, 1993), por Leonardo Padrón.