La Orestíada del Schaubühne

Antes de iniciarse la acción

El vigía no tiene prisa. Puede estar suspendido en ese lugar aguardando las nuevas interminablemente. Son otros los que se inquietan. Él sabe esperar. Como está alerta, no siente el tiempo. Por eso ocupa ese sitio. Si nada ocurriera, él seguiría allí, tal cual.

(…)

Rafael Cadenas.

I´m looking for the face i had

Before the world was made.

YEATS: The Winding Stair

Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal.

Jorge Luis Borges: El inmortal

Ulpiano Suárez ha empuñado su revólver. Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto, (…)

Jorge Luis Borges: El muerto

Espero que encuentren el Aleph entre estos #Cuadernos y que María Kodama no me denuncie después de esto.

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#DaddyCruzDiez (1/2)

–De ser editor, ¿si le negaran las divisas para adquirir papel?

–Me dedicaría a vender periódicos viejos.

(…)

–¿Atentan contra la paz la telenovelas?

–¿La paz de la morgue?

–¿Es Venezuela un país de exposición?

–Expones la vida cada vez que sales a la calle.

–A sus 90 años, ¿se casaría con una chica de 30?

–No me gustaría llevar un par de cachos.

–¿El secreto de una larga vida?

–Hacer todo lo contrario a los consejos que dan los que quieren alargártela.

–¿Se arrepiente?

–No, me lamento. El no haber podido desarrollar mi vida de artista en mi país, rodeado de mi gente.

–¿Conoció a Reverón?

–Nos visitaba en la Escuela de Artes Plásticas. Era un artista lúcido. Una vez nos dijo: “Muchachos, cuando estén pintando cierren los ojos al máximo y pinten lo que ven a través de las pestañas; lo demás sale solo”… Era la luz, pintar la luz.

–¿Una ideología?

–Todas las ideologías y las religiones están sustentadas sobre millones de cadáveres. Un artista para hacer conocer su obra no necesita matar ni atropellar a nadie.

–¿Un recuerdo infantil?

–Una cucaracha metida en mi camisa y yo corriendo desesperado tratando de sacarla.

–¿Un líder?

–Mi conciencia.

–¿Una obra de arte revolucionaria?

–Todas las obras que han abierto un camino.

–¿La suya?

–He hecho un gran esfuerzo para abrir un camino. El tiempo lo dirá.

–¿Una lectura?

–La que me dé información de lo que estoy viviendo.

–¿Extraña a las féminas de antaño?

–Mi generación fue víctima de los prejuicios y tabúes sexuales.

–¿El sabor de tantos premios?

–Saben muy bien porque los celebro en un buen restaurante.

(…)

–¿Una promesa como CruzDiez?

–Venezuela es una mina de jóvenes promesas en el arte, la música, las letras, el teatro, el cine…

–¿Cómo digiere la fama?

–La fama no se busca, llega sola. Lo difícil es gerenciarla.

–Decía Alfredo Boulton que los artistas son “anormales”. ¿Su extrañeza?

–Si fuéramos normales, no seríamos artistas. Nadie arriesga su vida en una profesión incierta y sin esperanza. Los que logramos audiencia, somos unos cuantos privilegiados.

(…)

Entrevista realizada al maestro del cinetismo Carlos Cruz Diez por Jolguer Rodríguez Costa, el nueve de febrero de 2014. Estas son mis respuestas favoritas, las publicaré en dos partes.

Veintitrés años después se cruzaron. Y no se reconocieron por su aspecto, sino por el olor del deseo pendiente.

Francesc Llorens.

Primero le quitó las dudas, las bragas cayeron solas.

Marcos Ley

Una primera señal de que se inicia el entendimiento es el deseo de morir.

Franz Kafka.

Consecratio I¹

(…)

Un día le dije:

Aún no sé a qué huele tu piel mojada.

Siglos después subió al avión

para enseñarme que la mujer no tiene edad

y que el hombre tiene la edad de la mujer que ama.

Nunca nos bajamos del exilio.

¹ Consecratio, del latín: dedicatoria, consagración, inmolación.

José A. Sáenz A.

Caracas, la cómplice

Cuando comienzas una lectura y te detienes en la primera palabra, algo está sucediendo; algo que se desliza entre los extremos puntiagudos de la excelencia y la mediocridad –y hay que tener algo de genio para que el lector se deslumbre apenas culmine la primera palabra, o el lector debe tener algo de idiota-.

El caso es que me pasó sin buscarlo, como suceden la mayoría de las maravillas. Hace poco, cuando el año me regalaba su último día de julio, tropecé con un la espléndida memoria de Plinio Apuleyo Mendoza impresa en el libro Ráfagas de tiempo. Retratos, recuerdos, del cual estoy segura hablaré varias veces más adelante.

Así que caí en el cuento/crónica titulado Un recuerdo de Perón, donde me pasó exactamente el fenómeno descrito al empezar: me detuve en la primera palabra con una inevitable sonrisa que brillaba a tres colores.

«Caracas.»

Ese nombre imponente y dulce, tan ambiguo como la descripción que cualquier caraqueño pueda ofrecerle al mundo sobre nuestra crujiente ciudad. Con esa letra capital en divina negrita, aquel dominante punto final; como si fuera una síntesis de todo el texto, el cómplice más pícaro de Perón (que quizá, hasta cierto punto, lo fue). Invade mi cuerpo éste orgullo cálido que siente cualquier venezolano sin importar la crisis o el clima. Y uno empieza a fanfarronear internamente, porque Caracas es tan bonita que su nombre de primera línea da cosquillas en la boca.

«Caracas.»

Leo nuevamente y sonrío, más que convencida de que el cuento que elegí para ésta tarde con ansia de tinta ha sido un acierto invaluable. Y es que, un texto con semejante principio no puede pecar de mediocre. Sigue leyendo