260915

Los Romances del Distroy de Alejandro Rebolledo (autor de Pim Pam Pum)

http://romancesdeldistroy.blogspot.com/2009/01/romances-del-distroy-por-rebolver-nsync.HTML

Okills – El Alcaraván

Rodrigo Solo – Tal Vez No Se Hunda El Barco (feat. Laura Guevara)

Rodrigo Solo – Tonada Para Simón (feat. Hana Kobayashi)

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No caminas. Deambulas

No caminas. Deambulas

en medio de esa gente ajena

a tu tormento. La pequeña ciudad

no existe sin ella.

Regresas a casa y de vez en cuando

esperas una llamada por teléfono.

Los amigos siguen preocupados por ti,

por esa antigua dolencia del corazón.

La tarde transcurre feroz y nítida.

Es extraño que todo esto va a pasar, murmuras.

Morirá para ti esta noche,

como en el verso del poeta,

y lejano el día

vislumbras otro asombro ante otro cuerpo.

Y enciendes, distraído, otro cigarro.

No caminas. Deambulas, por Harry Almela

Otras razones para escribir

(…)

Escribo, escribo, escribo,

escribo para enseñarme todo lo que desconozco

de mí misma,

todo lo que no quiero terminar de conocer.

Escribo, escribo, escribo,

escribo para que el día que no me mires no

quieras marcharte,

para que el día que quieras irte lo hagas sin dudar.

Escribo, escribo, escribo,

escribo porque la música es suficiente y yo soy

persona de excesos

Escribo, escribo, escribo,

para nunca saciar este hambre de todo que

se vacía con nada.

Escribo, escribo, escribo.

No dejo de escribir.

No quiero morir.

(Y es que aquí dentro solo late un pensamiento:

qué será de mí cuando descubra

que las palabras también son mentira).

Solo conmigo. Solo contra mí, por Elvira Sastre.

Casa de ciudad

(…) Siempre he pensado que Caracas es una ciudad donde no puede existir ningún recuerdo. Es una ciudad en permanente demolición que conspira contra cualquier memoria; ese es su goce, su espectáculo, su principal característica. En algún momento de mi vida me he horrorizado ante esta situación; hoy no. Hoy pienso que es una legitimidad, y así como hay pueblos que construyen, hay otros que destruyen. Hay pueblos que tienen en la destrucción un sentido de la vida, como algunos lo encuentran en la construcción. El caraqueño es un pueblo demoledor, no por nada, solo por ser fiel a su propia historia. (…)

José Ignacio Cabrujas

I

AL FIN termino por entender

que yo amo esta ciudad hasta la rabia:

es tierra y abono para la nostalgia.

Benditos constructores que no dejan ni una casa,

amadísimos urbanistas paisajistas

que siempre cambian los bancos de las plazas

(nada conserva su nombre

y lo agradezco de todo corazón),

que nada se acerque a la eternidad

que la ciudad que yo conozco

no la conozcan mis hijos,

que nunca rodemos por la misma calle,

que la nostalgia se construya todas las quincenas.

Casa de ciudad, por Rafael Arráiz Lucca

PD: El epígrafe NO pertenece al poema. Lo puse porque me pareció una coincidencia maravillosa y Cabrujas es el papá de los helados.

–He encontrado lo que une una buena columna de periódico al amor, Kemal Bey –me dijo.

–¿Qué?

–Tanto el amor como la columna periodística deben satisfacernos ahora, pero la belleza y la fuerza de ambos se mide por su capacidad de no írsenos de la cabeza.

–Maestro, eso escríbalo algún día, por favor –le dije yo, pero él no me estaba escuchando a mí sino a la morena con la que bailaba.

El museo de la inocencia, de Orhan Pamuk.

Tranquila, musa: no has llegado tarde

Más bien, perdona por recibirte así.

Ya sabes… desarreglada y rota,

como si me hubiese rendido ante tu ausencia.

No, no me molesta que me hayas despertado a las tres menos cuarto…

Bueno, quizá un poco.

Pero ya estás aquí y eso es lo que importa.

Ven.

Anda, sólo bésame las ojeras…

…que yo me encargo del resto.

Serie: Musa, por Paola Assad. (Inspirada en el cuento La visita, por Eduardo Liendo)

Eres mayor que tú mismo y sigues sin saber qué es la ausencia, el oro, la poesía.

Adam Zagajewski.

NOVELA CORTA

El mismo día entendió que jamás volvería a leer

y que era adicto a las mujeres peligrosas.

Decidió entonces

toda la lluvia en la primera página.

Métodos de la lluvia, por Leonardo Padrón.

Tuya

MÍA

Mía: así te llamas.

¿Qué más harmonía?

Mía: luz del día;

Mía: rosas, llamas.

¡Qué aromas derramas

en el alma mía,

si sé que me amas,

oh Mía!, ¡oh Mía!

Tu sexo fundiste

con mi sexo fuerte,

fundiendo dos bronces.

Yo, triste; tú triste…

¿No has de ser, entonces,

Mía hasta la muerte?

Rubén Darío (1867 – 1916)